Aunque el trigo se está comerciando por término medio un 22 por ciento por debajo del pico alcanzado en 2008 (o un 27 por ciento a precios constantes), se calcula que el precio medio de las seis materias primas agrícolas que emplean los fabricantes de alimentos envasados ha aumentado un 15 por ciento anual.
Y lo que es más importante, esas seis materias primas tienen hoy precios un 31 por ciento más altos que la media de los diez últimos años a precios constantes.
El encarecimiento de los alimentos podría obligar a los consumidores, según Fitch, a reducir el consumo o a buscar alternativas más baratas, sobre todo en los países ricos, como ya se ha observado en Europa occidental.
Sin embargo, otros productores de alimentos envasados mayores y más diversificados podrán resistir mejor porque suelen contar con más fuentes de suministro y pueden además asegurarse mejor frente a eventuales subidas.
Dado que los costos de la materia prima representan aproximadamente un 20 por ciento de los costos operativos de una empresa dedicada a la fabricación de productos envasados, el impacto no se dejará sentir hasta dentro de unos meses.
Los productores de proteínas, como la carne avícola, podrían también verse afectados a largo plazo por el incremento del precio de los piensos, que representan normalmente entre un 55 y un 70 por ciento de los precios operativos totales.
El fuerte incremento del precio del trigo y la cebada tendría seguramente un impacto limitado en ese sector ya que pueden utilizarse también como pienso otras cosechas como las semillas de girasol, maíz o soja.
Las grandes compañías de la agroindustria como Archer DAnies Midland, Cargille o Bunge Limited, podrían beneficiarse por el contrario del encarecimiento del trigo gracias a su escala, alcance geográfico, diversificación de materias primas y a sus vastas redes de almacenamiento, transporte y logística en general.